“Se la pasa estudiando, pero las notas siguen igual”. Si esta frase le resulta familiar, probablemente la primera reacción sea pensar que el estudiante necesita estudiar todavía más. Sin embargo, más horas de estudio no siempre significan más aprendizaje.
Un estudiante puede pasar dos, tres o incluso más horas frente a sus cuadernos y terminar el día sintiendo que hizo mucho, pero sin haber aprendido lo que realmente necesitaba. El problema, en muchos casos, no está en la cantidad de tiempo, sino en qué hace durante ese tiempo y qué tan efectiva es su forma de estudiar.
Esta situación es especialmente importante en Colombia. En PISA 2022, los estudiantes colombianos de 15 años obtuvieron resultados inferiores al promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias. En matemáticas, por ejemplo, solo el 29 % alcanzó al menos el nivel 2, considerado el nivel básico de desempeño, frente al 69 % del promedio de la OCDE (OECD, 2023). www.oecd.org
Esto no significa que todos los estudiantes con bajo rendimiento estudien poco. De hecho, los datos de PISA muestran que los estudiantes colombianos reportaron dedicar, en promedio, más de dos horas y media diarias a tareas durante una semana escolar típica, una cifra superior a la media de la OCDE (OECD, 2023). www.oecd.org
Entonces, ¿qué puede estar pasando?
Estudiar mucho no es lo mismo que estudiar bien
Una de las primeras cosas que conviene revisar es cómo estudia el estudiante.
Leer varias veces el mismo capítulo, subrayar prácticamente todo, copiar información o memorizar respuestas puede dar la sensación de estar estudiando, pero no necesariamente permite comprobar si realmente se comprendió el contenido.
Aprender implica poder explicar, relacionar, aplicar y utilizar la información en una situación diferente.
Por ejemplo, un estudiante puede memorizar la fórmula del área de un triángulo:
Área = (base × altura) ÷ 2
Y aun así equivocarse cuando el problema cambia la forma en que presenta los datos. En ese caso, quizá no necesita memorizar otra vez la fórmula. Necesita comprender cuándo y cómo utilizarla.
¿Por qué estudia mucho, pero sus resultados no mejoran?
1. Puede tener dificultades que todavía no han sido identificadas
A veces se intenta solucionar el bajo rendimiento académico directamente con más tareas, cuando primero sería necesario saber qué está fallando.
Puede existir una dificultad específica en:
- Comprensión lectora: entiende algunas palabras, pero no logra identificar la idea principal o hacer inferencias.
- Razonamiento matemático: conoce procedimientos, pero no sabe decidir cuál utilizar.
- Atención y concentración: comienza una actividad, se distrae y necesita mucho más tiempo para terminarla.
- Organización: estudia de manera desordenada y no prioriza lo que realmente necesita aprender.
- Memoria y recuperación: comprende durante la explicación, pero después tiene dificultades para recuperar la información.
- Hábitos de estudio: dedica muchas horas, pero utiliza estrategias poco efectivas.
Por eso, antes de concluir que “le falta estudiar”, es más útil preguntarse:
¿Qué habilidad específica está limitando su aprendizaje?
2. Puede estar estudiando de manera demasiado pasiva
Hay una diferencia enorme entre recibir información y trabajar con ella. Leer un capítulo tres veces puede ayudar a familiarizarse con el contenido, pero no necesariamente demuestra que el estudiante pueda utilizarlo.
Una alternativa es cerrar el libro y plantear estas preguntas:
- Explicar: “¿Cómo explicarías esto con tus propias palabras?”.
- Aplicar: “¿Dónde podrías aplicar lo que acabas de aprender?”.
- Analizar: “¿Qué pasaría si cambiamos esta condición?”.
Cuando el estudiante tiene que explicar, comparar, resolver o aplicar, deja de ser solamente un receptor de información y comienza a participar activamente en su aprendizaje.
3. Puede estar confundiendo tiempo con productividad
Dos horas frente al cuaderno no equivalen necesariamente a dos horas de aprendizaje.
Un estudiante puede pasar gran parte de ese tiempo mirando el celular, organizando materiales o copiando información, sin comprobar cuánto ha comprendido.
PISA 2022 muestra que las distracciones digitales forman parte del contexto educativo actual: en Colombia, el 30 % de los estudiantes reportó distraerse utilizando dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de matemáticas (OECD, 2023). www.oecd.org
Por eso, una pregunta más útil que “¿cuántas horas estudiaste?” sería:
“¿Qué lograste aprender durante ese tiempo?”
4. Puede estar acumulando vacíos de aprendizaje
Este problema aparece con frecuencia en materias como matemáticas.
Si un estudiante no comprende bien las fracciones, posteriormente puede tener dificultades con ecuaciones. Si no comprende ciertas operaciones algebraicas, los temas posteriores pueden resultar todavía más complejos.
Lo mismo ocurre con la lectura. Si tiene dificultades para identificar ideas principales, establecer relaciones o hacer inferencias, puede encontrar mayores obstáculos cuando los textos sean más largos y complejos.
Seguir avanzando sin identificar los vacíos puede aumentar la dificultad.
La UNESCO ha señalado que América Latina y el Caribe todavía enfrenta importantes desafíos en la recuperación y mejora de los aprendizajes, especialmente después de las alteraciones educativas provocadas por la pandemia (UNESCO, 2024). www.unesco.org
5. Puede necesitar aprender a organizar su estudio
Un estudiante que tiene diez tareas pendientes puede pensar: “Tengo muchísimo que estudiar”. Pero eso no significa que sepa por dónde comenzar.
Aprender a organizar el estudio implica responder estas preguntas:
- Actividades: ¿qué debo hacer?
- Prioridades: ¿qué es más importante?
- Tiempo: ¿cuánto tiempo necesito?
- Planificación: ¿cuándo lo haré?
- Comprobación: ¿cómo sabré que lo aprendí?
Un cronograma puede ayudar, pero no debería convertirse simplemente en una lista de tareas. El estudiante necesita aprender a planificar, ejecutar y revisar.
Esto favorece progresivamente una mayor autonomía.
¿Qué pueden hacer los padres para acompañar el estudio?
El acompañamiento familiar es importante, pero no significa sentarse al lado del estudiante durante todas sus horas de estudio.
Una buena estrategia consiste en cambiar algunas preguntas:
| En lugar de… | Pruebe con… |
|---|---|
| “¿Ya terminaste?” | “¿Qué aprendiste hoy?” |
| “¿Por qué te fue mal?” | “¿En qué parte empezaste a tener dificultades?” |
| “Estudia otra vez”. | “¿Qué estrategia vas a utilizar esta vez para comprobar que realmente lo entendiste?” |
El objetivo es que, poco a poco, el estudiante pueda reconocer cómo aprende, identificar qué le funciona y hacerse responsable de su propio proceso.
El problema no siempre es falta de esfuerzo
Cuando un estudiante estudia mucho y los resultados no mejoran, es importante no convertir la situación únicamente en una discusión sobre disciplina.
A veces el esfuerzo sí está presente. Lo que falta es una estrategia adecuada para transformar ese esfuerzo en aprendizaje.
La educación actual exige mucho más que recordar información. En el enfoque de PISA, las competencias matemáticas y lectoras implican utilizar lo aprendido: resolver problemas, interpretar información y reflexionar sobre textos para alcanzar objetivos y desarrollar conocimientos.
Por eso, la pregunta no debería ser únicamente:
“¿Cuánto estudia mi hijo?”.
La pregunta realmente importante es:
“¿Está aprendiendo a aprender?”
Porque cuando un estudiante identifica sus dificultades, utiliza estrategias adecuadas, organiza su tiempo, comprueba lo que comprende y aprende de sus errores, el estudio deja de ser solamente acumular horas y comienza a convertirse en un proceso mucho más efectivo.
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Referencias
- UNESCO, Oficina de Santiago y Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe. (2024). La urgencia de la recuperación educativa en América Latina y el Caribe. Consultar informe.
- OECD. (2023). PISA 2022 Results (Volume I and II): Country Notes—Colombia. Consultar resultados.
- OECD. (2023). PISA 2022 Results (Volume II): Learning During – and From – Disruption. OECD Publishing. Consultar publicación.



