Mi hijo sabe qué tiene que hacer, pero siempre deja todo para última hora: ¿por qué?

Adolescente aplaza sus tareas escolares mientras revisa el celular, ante la mirada de su madre, en una escena de procrastinación académica. Copiar ALT

«Mañana lo hago», «todavía tengo tiempo» o «en un momento empiezo» son expresiones que muchos padres escuchan cuando recuerdan a sus hijos las tareas escolares.

Sin embargo, ese momento parece no llegar. Los días pasan, las actividades se acumulan y, finalmente, el estudiante termina realizando sus trabajos a última hora, entre el afán, el cansancio y la frustración.

¿Por qué ocurre esto, incluso cuando sabe perfectamente cuáles son sus responsabilidades?

La respuesta puede estar relacionada con la procrastinación académica, un comportamiento que consiste en aplazar actividades escolares a pesar de reconocer que hacerlo puede traer consecuencias negativas.

Aunque suele interpretarse como falta de disciplina o pereza, posponer las tareas también puede relacionarse con dificultades para organizar el tiempo, gestionar emociones o comenzar actividades que resultan exigentes.

Comprender por qué un estudiante deja todo para última hora es el primer paso para ayudarlo a desarrollar hábitos de estudio más autónomos.

¿Qué es la procrastinación académica y por qué ocurre?

La procrastinación consiste en posponer voluntariamente una actividad, aun cuando se reconoce que hacerlo puede traer consecuencias negativas.

Steel (2007), en una revisión metaanalítica sobre este fenómeno, identificó diferentes factores relacionados con la procrastinación, entre ellos la aversión hacia las tareas, la impulsividad, la autoeficacia y aspectos de la autorregulación.

Por ejemplo, un estudiante puede saber que tiene un examen importante, pero prefiere realizar actividades que le generan satisfacción inmediata, como utilizar el celular, jugar videojuegos o conversar con sus amigos.

Esto no significa necesariamente que desconozca sus obligaciones.

En algunos casos, la dificultad está en transformar sus intenciones en acciones concretas, especialmente cuando la actividad exige esfuerzo, genera incomodidad o parece demasiado extensa.

¿Por qué mi hijo deja las tareas para última hora aunque sabe que debe hacerlas?

Conocer una fecha de entrega no significa saber organizar todo el proceso necesario para cumplirla.

Un estudiante puede recordar que debe presentar un trabajo el viernes, pero no haber calculado cuánto tiempo necesita para investigar, organizar la información, redactar y revisar.

También puede pensar que todavía dispone de suficiente tiempo y descubrir demasiado tarde que la actividad requiere más esfuerzo del esperado.

Por eso, además de recordar las responsabilidades, es importante enseñar a los estudiantes a anticipar, planificar y supervisar sus actividades.

No siempre es falta de voluntad: las emociones también intervienen

Imagine que su hijo debe preparar una exposición, pero teme equivocarse frente a sus compañeros.

Aunque reconoce la importancia de practicar, decide aplazar la preparación.

¿Por qué ocurre esto?

Sirois y Pychyl (2013) plantean que la procrastinación puede funcionar como una estrategia de regulación emocional a corto plazo.

Es decir, cuando una actividad genera aburrimiento, inseguridad, ansiedad o frustración, posponerla puede producir una sensación momentánea de alivio.

Sin embargo, este alivio suele ser temporal. La responsabilidad continúa pendiente y, a medida que se acerca la fecha de entrega, pueden aumentar la presión y el malestar.

¿Qué emociones pueden estar detrás de la procrastinación?

No todos los estudiantes aplazan sus responsabilidades por las mismas razones.

Algunas situaciones que pueden intervenir son:

  • Miedo a equivocarse: evita comenzar porque considera que no logrará realizar correctamente la actividad.

  • Frustración: anticipa que la tarea será difícil y prefiere posponerla.

  • Aburrimiento: percibe la actividad como poco interesante y elige otras experiencias más atractivas.

  • Inseguridad: duda de sus capacidades y necesita confirmación constante antes de avanzar.

  • Sensación de agobio: considera que tiene demasiadas responsabilidades y no sabe por dónde comenzar.

Estas experiencias no explican todos los casos de procrastinación, pero muestran por qué el comportamiento no debería interpretarse automáticamente como desinterés.

Antes de insistir en que su hijo debe esforzarse más, puede ser útil preguntarse:

«¿Qué siente mi hijo cuando debe comenzar una tarea?»

Comprender esa respuesta permite ofrecer un acompañamiento más adecuado a sus necesidades.

Las funciones ejecutivas: habilidades fundamentales para empezar

Cumplir una responsabilidad académica implica mucho más que conocer una fecha de entrega.

El estudiante necesita organizar sus actividades, calcular cuánto tiempo requieren, establecer prioridades y mantener su atención hasta finalizar.

Estas capacidades están relacionadas con las funciones ejecutivas, un conjunto de procesos cognitivos que permiten dirigir y regular el comportamiento hacia objetivos específicos.

Diamond (2013) explica que estas funciones incluyen procesos como la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva, importantes para mantener objetivos, regular respuestas y adaptarse a diferentes situaciones.

¿Qué dificultades pueden presentarse al organizar las tareas?

Cuando las habilidades necesarias para planificar y autorregularse todavía están en desarrollo, pueden aparecer dificultades para:

  • Iniciar actividades: comenzar una tarea sin depender de recordatorios constantes.

  • Dividir trabajos extensos: transformar una responsabilidad grande en pasos manejables.

  • Estimar el tiempo: calcular cuánto esfuerzo requiere terminar una actividad.

  • Controlar distracciones: mantener la atención cuando existen otras alternativas de entretenimiento.

  • Supervisar avances: reconocer qué se ha completado y qué falta por realizar.

  • Cumplir plazos: distribuir las actividades para evitar que todas se acumulen antes de la entrega.

Es importante recordar que estas habilidades se desarrollan progresivamente durante la infancia y la adolescencia.

Por ello, aprender a organizarse también requiere práctica, orientación y oportunidades para tomar decisiones.

¿Cómo ayudar a su hijo a dejar de aplazar sus responsabilidades?

Cuando la procrastinación académica comienza a afectar las actividades escolares, es conveniente acompañar al estudiante en la construcción de hábitos más efectivos.

Estas cinco estrategias pueden ayudar.

1. Transforme las tareas grandes en objetivos pequeños

En lugar de pedirle que «haga todo el trabajo», ayúdelo a identificar una primera acción concreta.

Por ejemplo, si debe preparar una exposición, pueden dividir la actividad en pasos:

  1. Buscar información sobre el tema.

  2. Identificar las ideas principales.

  3. Elaborar un esquema.

  4. Preparar el material de apoyo.

  5. Practicar la presentación.

De esta manera, una tarea que inicialmente parecía difícil de abordar se convierte en una secuencia de acciones más claras.

El propósito es que el estudiante sepa por dónde comenzar, sin sentir que necesita resolver toda la actividad al mismo tiempo.

2. Establezcan horarios realistas

Organizar momentos específicos para estudiar, descansar y realizar actividades recreativas facilita la construcción de rutinas.

Sin embargo, no basta con elaborar un horario. También es importante comprobar que pueda cumplirse.

Por ejemplo, si su hijo tiene actividades extracurriculares durante la tarde, sería poco realista programar varias horas adicionales de estudio sin considerar el cansancio y los momentos de descanso.

Lo recomendable es construir una planificación acorde con sus responsabilidades, edad y necesidades.

Esta estrategia puede complementarse con técnicas de organización como las que se abordan en el curso de método de estudio para niños de 9 a 13 años de IPLER, centrado en hábitos de programación, organización, concentración y autocontrol.

3. Prioricen el inicio, no solamente el resultado

En ocasiones, comenzar una actividad representa una de las mayores dificultades.

Por eso, en lugar de concentrarse únicamente en que el estudiante termine rápidamente, puede ser útil ayudarlo a dar el primer paso.

Por ejemplo:

«Comencemos por identificar qué información necesitas para hacer el trabajo».

Una vez iniciada la actividad, el estudiante puede reconocer con mayor claridad cómo continuar.

También es importante valorar el esfuerzo de comenzar, organizarse y mantener la constancia, sin limitar el reconocimiento a las calificaciones.

4. Eviten que los recordatorios se conviertan en discusiones

Repetir constantemente «¿ya hizo la tarea?» puede generar tensiones familiares sin resolver necesariamente las dificultades de organización.

Una alternativa consiste en establecer momentos concretos para revisar las actividades pendientes.

Durante estos espacios pueden conversar sobre:

  • Qué tareas debe completar.

  • Cuáles tienen fechas de entrega más cercanas.

  • Cuánto tiempo estima que necesitará.

  • Qué materiales debe preparar.

  • Cuándo revisarán los avances.

La intención no es supervisar cada movimiento del estudiante, sino ayudarlo a desarrollar herramientas para gestionar sus compromisos con mayor independencia.

5. Promuevan la reflexión sobre sus hábitos

Cuando una tarea se entrega a última hora, es importante revisar qué ocurrió.

Sin embargo, esta conversación debe orientarse hacia la búsqueda de soluciones y no únicamente hacia el reproche.

Algunas preguntas útiles son:

  • «¿Qué te impidió comenzar antes?»

  • «¿Qué parte del trabajo te resultó más difícil?»

  • «¿Calculaste correctamente el tiempo que necesitabas?»

  • «¿Qué podrías hacer diferente la próxima vez?»

  • «¿Qué ayuda necesitas para organizarte mejor?»

Estas preguntas favorecen el reconocimiento de dificultades y la construcción de estrategias propias.

El objetivo no es que los padres administren permanentemente el tiempo de sus hijos, sino que estos aprendan progresivamente a hacerlo por sí mismos.

¿Cuándo debemos prestar mayor atención a la procrastinación?

Aplazar ocasionalmente una actividad es una experiencia común y no significa necesariamente que exista una dificultad importante.

Sin embargo, conviene observar si el comportamiento se repite y comienza a interferir con el bienestar o el desempeño académico.

Algunas señales que merecen atención son:

  • Acumulación frecuente de tareas: el estudiante deja varias responsabilidades pendientes hasta el último momento.

  • Frustración constante: experimenta malestar intenso cuando debe comenzar o terminar actividades.

  • Dificultad para organizarse: no logra establecer prioridades, incluso cuando conoce sus compromisos.

  • Dependencia excesiva: necesita supervisión permanente para iniciar y completar sus trabajos.

  • Alteraciones en el descanso: termina tareas durante la noche de manera recurrente y reduce sus horas de sueño.

Estas situaciones no permiten establecer un diagnóstico por sí solas.

Si las dificultades son persistentes o afectan significativamente la vida cotidiana del estudiante, puede ser conveniente conversar con sus docentes y buscar orientación profesional para comprender qué está ocurriendo.

Un paso hacia la autonomía: aprender a gestionar el tiempo

Dejar las actividades para última hora puede convertirse en un hábito que afecta no solo el desempeño académico, sino también la confianza del estudiante en su capacidad para cumplir sus responsabilidades.

Por ello, más que insistir en la importancia de entregar las tareas a tiempo, es fundamental enseñarle a reconocer sus dificultades, anticiparse a los compromisos y establecer estrategias que le permitan avanzar sin depender constantemente de la presión.

En IPLER, el fortalecimiento de los hábitos de estudio incluye habilidades relacionadas con la organización del tiempo, la construcción de rutinas, el establecimiento de prioridades y la autorregulación del aprendizaje.

Estas herramientas buscan que los estudiantes asuman un papel cada vez más activo en la gestión de sus responsabilidades académicas.

Asimismo, comprender la relación entre el esfuerzo, la planificación y los resultados puede ayudar a las familias a identificar qué aspectos necesitan fortalecer. Este tema también se desarrolla en el artículo «Mi hijo estudia mucho, pero no obtiene buenos resultados».

El propósito no es que los estudiantes nunca vuelvan a aplazar una tarea, sino que aprendan a reconocer cuándo lo están haciendo, comprendan qué les impide avanzar y cuenten con estrategias para actuar de manera diferente.

Aprender a estudiar también significa aprender a organizar el tiempo, tomar decisiones y asumir responsabilidades con mayor autonomía.

Si su hijo suele dejar las actividades escolares para última hora y desea conocer cómo IPLER puede acompañarlo en el fortalecimiento de sus hábitos de estudio, converse con nuestro equipo de orientación educativa por WhatsApp.

Referencias bibliográficas

Diamond, A. (2013). Executive functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-113011-143750

Sirois, F. M., & Pychyl, T. A. (2013). Procrastination and the priority of short-term mood regulation: Consequences for future self. Social and Personality Psychology Compass, 7(2), 115–127. https://doi.org/10.1111/spc3.12011

Steel, P. (2007). The nature of procrastination: A meta-analytic and theoretical review of quintessential self-regulatory failure. Psychological Bulletin, 133(1), 65–94. https://doi.org/10.1037/0033-2909.133.1.65

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