Cómo hacer un objetivo claro y no perder el rumbo al escribir
¿A quién no le ha pasado que, queriendo decir una cosa, termina diciendo otra completamente distinta? Muchas veces, al intentar desarrollar una idea, comenzamos a hacer aclaraciones y referencias que nos llevan de un asunto a otro, y luego a otro más, hasta que finalmente nos preguntamos: ¿para dónde iba?
El resultado suele ser un texto que ya no responde a la intención inicial, sino a lo que fue surgiendo durante la escritura, obligándonos a defender una idea diferente a la que queríamos expresar al comienzo. Para evitar esto, es fundamental aprender cómo formular un objetivo claro y estructurar el texto de manera adecuada.
La importancia de definir un objetivo antes de escribir
Un objetivo bien planteado funciona como una guía. Permite mantener el foco, seleccionar la información relevante y evitar desviaciones innecesarias. Cuando el objetivo no está claro, el texto pierde coherencia, se vuelve confuso y dificulta la comprensión del lector.
Antes de escribir, es clave preguntarse:
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¿Qué quiero decir?
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¿Para qué lo quiero decir?
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¿Qué debe comprender el lector al finalizar el texto?
Responder a estas preguntas facilitará todo el proceso de redacción.
El esqueleto del escrito: la radiografía textual
Para orientar el sentido de la redacción, existen estrategias prácticas y muy efectivas. Una de ellas es la radiografía textual, que consiste en construir el “esqueleto” del escrito antes de redactarlo.
Esta estrategia permite estructurar el texto como un mapa conceptual, organizando:
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La idea general u objetivo principal
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Las ideas por párrafo
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Las ideas específicas de cada oración
Cuando la radiografía textual está bien elaborada, se convierte en una verdadera carta de navegación, ya que define la organización del escrito y evita perder el rumbo durante la redacción.
La introducción: el primer contacto con el lector
Una vez definido el esqueleto del texto, es momento de elegir la forma más adecuada para iniciar. Existen múltiples maneras de elaborar una introducción, y la elección dependerá de la intención del escrito.
Algunas opciones comunes son:
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Una pregunta que invite a la reflexión
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Una frase significativa o de sabiduría
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Una breve contextualización del tema
La introducción debe captar la atención del lector y dejar claro el propósito del texto desde el inicio.
Contenido y cuerpo del texto: desarrollar la idea central
En el cuerpo del escrito se desarrollan los argumentos, eventos, explicaciones o características que sustentan el objetivo planteado. Una estrategia útil es realizar una lluvia de ideas, listando todo aquello que se desea incluir.
Posteriormente, estas ideas se organizan y se jerarquizan para dar coherencia, fuerza y extensión al documento, siempre cuidando que cada párrafo esté alineado con el objetivo inicial.
El cierre: reafirmar el objetivo
El cierre es la parte final del texto y cumple una función clave: reafirmar lo descubierto en las líneas anteriores. Es el desenlace, el clímax, donde el lector consolida la idea principal y comprende el objetivo que se quería alcanzar.
Un buen cierre no introduce información nueva, sino que sintetiza, concluye y deja una sensación de cierre lógico y satisfactorio.
Edición: el paso que garantiza claridad y coherencia
Una vez redactado el texto, comienza una etapa igual de importante: la edición. Editar implica revisar el escrito con una mirada más objetiva, dejando de lado la emoción del proceso creativo para identificar y corregir errores.
Durante la edición se deben revisar aspectos como:
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Reiteraciones y redundancias
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Transiciones entre ideas
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Uso adecuado de conectores
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Puntuación y ortografía
Leer el texto varias veces permite detectar problemas que en una sola lectura pueden pasar desapercibidos. Este proceso es clave para garantizar coherencia, cohesión y claridad.
Cuando se requiere apoyo adicional
Si a pesar de aplicar estas herramientas persisten las dificultades para elaborar textos claros y bien estructurados, es recomendable buscar formación especializada en redacción y escritura. Estos espacios permiten fortalecer habilidades específicas y superar bloqueos que hacen pensar, erróneamente, que escribir es una batalla perdida.
En IPLER contamos con el conocimiento y la experiencia necesarios para ayudarte a superar las dificultades en el lenguaje, mejorar tu escritura y lograr que tus ideas se expresen con claridad y precisión.
Conclusión
Aprender a formular un objetivo claro es el primer paso para escribir textos coherentes y efectivos. Con una buena planificación, una estructura definida y una edición consciente, es posible mantener el rumbo del escrito y comunicar exactamente lo que se desea decir.
Escribir bien no es cuestión de inspiración, sino de método.





