Pasar muchas horas estudiando no siempre significa estar aprendiendo. Una persona puede dedicar toda una tarde a leer, subrayar, hacer ejercicios o revisar apuntes y, al día siguiente, descubrir que recuerda muy poco.
Estudiar mucho y aprender poco no necesariamente significa falta de esfuerzo. En muchos casos, la dificultad está relacionada con la manera en que se utiliza el tiempo de estudio y cómo se procesa la información.
Desde la neuropsicología y las ciencias cognitivas, aprender implica procesos como la atención, la memoria de trabajo, la codificación, la recuperación y la consolidación de la información.
Por eso, algunas formas habituales de estudiar pueden generar una sensación de productividad sin favorecer suficientemente el aprendizaje a largo plazo.
A continuación, encontrarás seis hábitos que pueden estar afectando tu rendimiento académico y algunas estrategias para modificarlos.
1. Estudiar durante muchas horas sin hacer pausas adecuadas
Mantener la atención durante periodos prolongados no significa conservar la misma calidad de procesamiento durante todo ese tiempo.
Cuando una actividad se extiende demasiado, pueden aparecer fatiga, distracciones y dificultades para procesar la información de manera eficiente.
Además, aprender no consiste únicamente en recibir información. Es necesario crear oportunidades para comprenderla, recuperarla y consolidarla.
Distribuir el estudio en diferentes sesiones puede favorecer la retención frente a concentrarlo todo en una única jornada.
Las investigaciones sobre aprendizaje distribuido muestran beneficios de separar las oportunidades de estudio en el tiempo, especialmente cuando se combinan con actividades de recuperación de la información.
Por ejemplo, en lugar de estudiar un tema durante cuatro horas seguidas y no volver a revisarlo, puede resultar más conveniente distribuir su aprendizaje en distintas sesiones durante varios días.
También es importante introducir pausas adecuadas, especialmente cuando aparecen señales de cansancio o disminución de la concentración.
La duración de las sesiones y los descansos debe ajustarse a la edad, la dificultad del contenido y las necesidades de cada estudiante.
2. Leer y releer creyendo que eso garantiza el aprendizaje
Releer puede producir una sensación de familiaridad.
El contenido parece conocido porque acaba de ser visto varias veces, pero reconocer información no significa necesariamente poder recordarla y utilizarla posteriormente.
Una estrategia que cuenta con respaldo científico es la práctica de recuperación, conocida en inglés como retrieval practice.
Consiste en intentar recordar lo aprendido sin consultar inmediatamente el material.
Por ejemplo, después de estudiar un capítulo, puedes:
-
Cerrar el libro: intentar recordar los conceptos más importantes.
-
Explicar con palabras propias: describir lo aprendido sin repetir literalmente las frases del texto.
-
Responder preguntas: comprobar qué información puedes recuperar de memoria.
-
Revisar tus respuestas: identificar qué recordaste correctamente y qué necesitas reforzar.
La revisión de McDermott (2021), publicada en Annual Review of Psychology, explica cómo la recuperación de información después del aprendizaje puede fortalecer la retención y reducir el olvido.
Además, Wiklund-Hörnqvist y colaboradores (2021) encontraron, mediante neuroimagen, cambios en la actividad de regiones anteriores y posteriores del hipocampo asociados con la práctica de recuperación.
Esto no significa que releer sea inútil. Puede ser necesario volver a consultar un texto para aclarar conceptos. Sin embargo, conviene complementar la relectura con actividades que permitan comprobar cuánto se ha aprendido.
3. Estudiar todo justo antes del examen
Concentrar todo el estudio en una noche o en pocos días puede generar una sensación temporal de dominio, pero no suele ser la estrategia más conveniente para conservar la información a largo plazo.
Cuando el aprendizaje se distribuye en diferentes momentos, el estudiante necesita recuperar lo aprendido después de ciertos intervalos.
Este proceso permite fortalecer la memoria y reconocer qué contenidos requieren más práctica.
Las investigaciones sobre aprendizaje distribuido y recuperación activa respaldan la utilidad de combinar ambas estrategias.
Un estudio de Butowska-Buczyńska y colaboradores (2024), publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, encontró que variar las pistas utilizadas durante la recuperación de información puede aportar beneficios adicionales, especialmente cuando la práctica se distribuye en el tiempo.
¿Cómo aplicar el estudio distribuido?
Una alternativa sencilla consiste en seguir esta secuencia:
-
Aprender: estudiar un concepto y comprender sus elementos fundamentales.
-
Recuperar: intentar explicarlo o aplicarlo sin mirar los apuntes.
-
Dejar pasar tiempo: retomar el contenido en otra sesión.
-
Recuperar nuevamente: comprobar cuánto se recuerda después del intervalo.
-
Aplicar: utilizar lo aprendido en preguntas, ejercicios o situaciones diferentes.
Por ejemplo, si tienes una evaluación el viernes, puede resultar más conveniente comenzar a estudiar desde el lunes y realizar repasos distribuidos que concentrar todo el trabajo el jueves por la noche.
La intención no es aumentar necesariamente el número total de horas, sino organizar mejor las oportunidades de aprendizaje.
4. Estudiar con interrupciones constantes
Revisar mensajes, consultar redes sociales, responder notificaciones o cambiar continuamente entre actividades puede fragmentar el proceso de estudio.
El problema no es solamente el tiempo que se pierde durante cada interrupción.
También es necesario volver a orientar la atención hacia la tarea y recuperar mentalmente el punto en el que se encontraba el estudiante.
Por eso, una sesión de dos horas con interrupciones frecuentes puede contener mucho menos tiempo efectivo de trabajo académico.
Reducir las distracciones permite dedicar mayor atención a la actividad que se está realizando.
Algunas estrategias prácticas son:
-
Silenciar las notificaciones: evitar alertas que no sean necesarias durante la sesión.
-
Organizar el espacio: disponer únicamente de los materiales que se van a utilizar.
-
Definir una tarea concreta: establecer qué se espera completar antes de comenzar.
-
Separar los descansos: reservar momentos específicos para revisar mensajes o realizar otras actividades.
No se trata de eliminar completamente la tecnología. Un computador o un teléfono pueden ser herramientas útiles para aprender.
La diferencia está en utilizarlos como recursos de estudio y no como fuentes constantes de interrupción.
5. Memorizar sin comprender ni aplicar
Memorizar información puede ser necesario en determinados aprendizajes, pero recordar datos aislados no garantiza comprenderlos.
El aprendizaje resulta más funcional cuando una persona puede explicar un concepto, relacionarlo con otros conocimientos y utilizarlo para resolver situaciones diferentes.
Por ejemplo, memorizar una fórmula matemática no significa necesariamente saber identificar cuándo utilizarla.
De manera similar, recordar la definición de un concepto científico no demuestra que se pueda aplicar correctamente en un problema.
Para fortalecer la comprensión, es útil plantearse preguntas como:
-
¿Qué significa realmente este concepto?
-
¿Cómo se relaciona con algo que ya conozco?
-
¿En qué situaciones podría aplicarlo?
-
¿Podría explicarlo mediante un ejemplo diferente?
Estas preguntas ayudan a trabajar con la información en lugar de limitarse a repetirla.
Por ejemplo, después de estudiar una regla de proporcionalidad, el estudiante puede intentar reconocer en qué situaciones cotidianas se utiliza, resolver un problema y explicar por qué eligió ese procedimiento.
Comprender y memorizar no son procesos excluyentes. Ambos pueden complementarse cuando el objetivo es aprender conocimientos que puedan utilizarse posteriormente.
6. Dormir menos para estudiar más
Reducir las horas de sueño para ampliar el tiempo de estudio puede parecer una solución cuando se acerca una evaluación.
Sin embargo, el sueño desempeña un papel importante en los procesos relacionados con la memoria y el aprendizaje.
La investigación científica muestra que durante el sueño se producen procesos de reactivación, consolidación e integración de memorias adquiridas durante la vigilia.
Carbone y Diekelmann (2024), en una revisión publicada en npj Science of Learning, analizaron avances recientes sobre la reactivación dirigida de recuerdos durante el sueño y su relación con la consolidación de la memoria.
Por su parte, Santamaria y colaboradores (2024) investigaron cómo la reactivación de memorias durante el sueño profundo puede favorecer el aprendizaje de relaciones entre elementos de información.
Estos estudios abordan procesos específicos de memoria, pero respaldan la importancia del sueño dentro del aprendizaje.
Estudiar hasta altas horas de la noche no necesariamente compensa la reducción del descanso.
Por eso, una planificación académica adecuada debería considerar tanto el tiempo destinado a estudiar como las oportunidades para dormir suficientemente.
Estudiar mejor requiere cambiar algunas estrategias
Si una persona estudia muchas horas y obtiene pocos resultados, antes de aumentar todavía más el tiempo conviene revisar qué está haciendo durante esas horas.
Una estrategia de estudio más eficiente puede combinar:
-
Sesiones distribuidas: evitar concentrar todo el aprendizaje en un único día.
-
Recuperación activa: intentar recordar antes de volver a consultar los apuntes.
-
Aplicación: utilizar lo aprendido en problemas y situaciones diferentes.
-
Pausas adecuadas: alternar periodos de concentración con momentos de descanso.
-
Menos interrupciones: proteger los momentos destinados al aprendizaje.
-
Sueño suficiente: reconocer la importancia del descanso para los procesos de memoria.
Identificar los hábitos que afectan el aprendizaje es el primer paso, pero también es importante aprender a modificarlos. Un curso de método de estudio para jóvenes y adultos puede ayudar a trabajar aspectos como concentración, organización, planificación, motivación y técnicas para aprovechar mejor el tiempo dedicado al aprendizaje.
No todos los estudiantes presentan las mismas dificultades. Algunos necesitan mejorar su organización; otros requieren fortalecer la comprensión, la concentración o las estrategias que utilizan para recordar información.
Por eso, aprender a estudiar también implica reconocer qué hábitos están funcionando y cuáles necesitan modificarse.
El objetivo no debería ser simplemente pasar más tiempo frente a los libros, sino desarrollar habilidades que permitan comprender, recordar y aplicar lo aprendido con mayor autonomía.
Si dedicas muchas horas a estudiar, pero sientes que los resultados no reflejan tu esfuerzo, en IPLER puedes consultar sobre el programa de Método de Estudio y cómo agendar una evaluación inicial.
Referencias
Butowska-Buczyńska, E., Kliś, P., Zawadzka, K., & Hanczakowski, M. (2024). The role of variable retrieval in effective learning. Proceedings of the National Academy of Sciences, 121(44), e2413511121. https://doi.org/10.1073/pnas.2413511121
Carbone, J., & Diekelmann, S. (2024). An update on recent advances in targeted memory reactivation during sleep. npj Science of Learning, 9, 31. https://doi.org/10.1038/s41539-024-00244-8
McDermott, K. B. (2021). Practicing retrieval facilitates learning. Annual Review of Psychology, 72, 609–633. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010419-051019
Santamaria, L., Kashif, I., McGinley, N., & Lewis, P. A. (2024). Memory reactivation in slow wave sleep enhances relational learning in humans. Communications Biology, 7, 288. https://doi.org/10.1038/s42003-024-05947-7
Wiklund-Hörnqvist, C., Stillesjö, S., Andersson, M., Jonsson, B., & Nyberg, L. (2021). Retrieval practice facilitates learning by strengthening processing in both the anterior and posterior hippocampus. Brain and Behavior, 11(1), e01909. https://doi.org/10.1002/brb3.1909




